En artículos anteriores sobre la Guardia Civil y el Maquis narrábamos el origen, el desarrollo, y cómo el tesón y una hábil estrategia acabaría con la violencia de las bandas armadas.
Junto a ello, fue crucial la confluencia de factores como la reducción de condena para los enlaces, los ofrecimientos de conmutar penas de muerte, y el impacto emocional para los guerrilleros de no solo constatar que muchos de los suyos los habían traicionado, sino que habían sido abandonados por sus propios dirigentes.
Además, aunque sea incómodo el recordarlo, pero lo cierto es que el franquismo llegó a contar con una gran base social. Por provenir de tiempos convulsos, valoraba la paz y seguridad del régimen aún renunciando a la libertad política. Todo ello, junto a la crueldad de los delitos del maquis, acabaría socavando la escasa colaboración de una sociedad, que ya no temió denunciarlos.

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