La madrugada del 13 de julio, varios hombres armados van a buscar al político conservador Calvo Sotelo hasta su casa, en la calle Velázquez. Su cadáver aparecerá a la mañana siguiente en el cementerio de la Almudena. Muchos apuntan a que se trata de una venganza por el asesinato, el día 12, del Teniente Castillo, héroe republicano y socialista, a manos de pistoleros de ultraderecha.
Tras ambos altercados, el ambiente en España está enturbiado y el socialista Indalecio Prieto pide que se arme a la población. Casares Quiroga, el entonces jefe de gobierno, prefiere mantener la calma, en un intento de no alarmar a los ciudadanos.

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