Durante tres siglos, los arqueólogos que excavaban en las ruinas de Herculano se toparon con un misterio. En los restos de una de las ciudades romanas destruidas por la erupción del Vesubio en el año 79, no había ningún cadáver. Algo extraño, porque, a solo 16 kilómetros, en la vecina Pompeya, habían aparecido cientos de restos humanos nada más empezar a excavar en 1738.
Excavaciones arqueológicas, que, por cierto, estuvieron lideradas por un español, Roque Joaquín de Alcubierre.

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