Hablamos de los aurigas en la Antigua Roma, una época en la que la carreras de cuadrigas se convirtieron en el deporte más popular de la Antigüedad. Eventos muy peligrosos tanto para los aurigas como para los propios caballos, que con frecuencia sufrían lesiones o morían en el intento. Ese morbo es quizá la razón por la que generaron tanto entusiasmo entre los espectadores, comparable al actual interés por el fútbol o la Fórmula 1. El peligro al que se exponían los conductores de carro era directamente proporcional a la fama y gloria que obtenían. Pero entre todo ellos, hubo uno que destacó sobre los demás. Su nombre: Cayo Apuleyo Diocles.

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