Nada más cumplir la mayoría de edad y asumir el control total de la Monarquía, Alfonso XIII mostró un enorme interés por las campañas en la Guerra del Rif. Mantuvo reuniones con los ministros y los generales y siguió de cerca la evolución del conflicto. A raíz de esa actitud, su imagen permaneció unida al desastre de Annual, como una condena histórica, durante varias generaciones, difundiéndose la idea de que fue un Rey temerario que envió a los españoles a la muerte.

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