Hace poco más de un mes, el primer ministro conservador Rishi Sunak convocó elecciones generales en el Reino Unido para el 4 de julio. Lo hizo en la puerta del 10 de Downing Street bajo un auténtico chaparrón. La lluvia sobre él, como símbolo de la complicada situación de su partido y de lo que estaba por venir: un giro a la izquierda y la vuelta del Partido Laborista con Keir Starmer a la cabeza. Analizamos las elecciones británicas con Carlos Fresneda, corresponsal de EL MUNDO en Londres

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