Los jóvenes españoles tienen mucho más difícil independizarse y acceder a la vivienda que sus padres. Los precios de los pisos se han disparado, mientras que los salarios apenas han subido. Lo que provoca que solo uno de cada tres menores de 35 años tenga casa propia. Buena parte del resto vive de alquiler, no pueden ahorrar ni construir estabilidad financiera. Mientras tanto, las generaciones mayores han podido comprar vivienda y acumular patrimonio con más facilidad. Aquí está la brecha. Lo analizamos con Daniela Saltos, periodista de Economía de EL MUNDO, y escuchamos la historia de los Tárraga, una familia con dos generaciones de médicos y realidades muy distintas

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