En la isla de Roatán, en Honduras, una corporación estadounidense está desarrollando un proyecto que parece sacado de un cuento distópico: Próspera, una ciudad autónoma que funciona como una compañía privada, donde emprendedores libertarios y millonarios de la tecnología buscan llevar adelante ambiciones personales y comerciales al margen de las regulaciones del Estado. Como, por ejemplo, el negocio de crear y vender tratamientos médicos para alargar la vida que en otros lugares están prohibidos. Esta semana hablamos con la periodista hondureña Jennifer Ávila, directora del medio Contracorriente, para entender qué hay detrás de Próspera, por qué se trata de una apuesta ideológica además de económica, y cómo convive una ciudad privada con fines de lucro con el Estado de Honduras, uno de los países más desiguales y violentos del continente.