El crimen organizado en América Latina ha dejado de ser un asunto vinculado principalmente con el narcotráfico, el secuestro y la extorsión, para convertirse en una red de actividades lucrativas mucho más amplia, que atraviesa la vida cotidiana, la economía y la política. Por un lado, las grandes organizaciones criminales han diversificado sus negocios y expandido su control territorial, lo que ha consolidado su poder frente a la ineficacia o la complicidad de los Estados. Por otro, el enfoque en la persecución de estas estructuras desvía la mirada de los mercados ilegales, que es donde está el dinero y el origen de su poder. Esta semana conversamos con la socióloga Lucía Dammert, especialista en temas de seguridad, para entender por qué es importante hablar de “poder ilegal” en la región, y qué revela su consolidación sobre los límites —y las renuncias— de la política frente al crimen y la desigualdad.

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