A finales de agosto, Meta enfrentaba el juicio más grande en la historia de Estados Unidos contra una big tech. Los fiscales generales de casi todo el país demandaron a la empresa por diseñar productos para volver adictos a millones de menores, usar su información privada y dañar su salud mental. El caso terminó con un acuerdo extrajudicial, pero el intento de hacerle rendir cuentas llega en un momento de acumulación de poder inédito de las tecnológicas. La maquinaria de vigilancia montada por las grandes plataformas para explotar nuestros datos ahora alimenta una máquina de predicción que está decidiendo nuestro futuro. Este es el recorrido de investigación que ha hecho en los últimos años Carissa Véliz, profesora del Instituto de Ética en Inteligencia Artificial en la Universidad de Oxford, autora y doctora en filosofía. Esta semana hablamos con ella para entender qué significa el acuerdo de Meta y por qué dejar que la IA prediga nuestro futuro es, en realidad, permitirles a un puñado de empresarios elegir uno por nosotros.

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