Tras hacer explotar varias bombas en el centro de Oslo, la capital noruega, Anders Breivik se dirige disfrazado de policía hacia la isla de Utoya, donde las juventudes del partido socialista celebran un encuentro. Allí empieza la cacería contra decenas de adolescentes, acabando con la vida de 69 de ellos. Unas horas antes, el asesino había publicado un manifiesto justificando su acción. Decía estar salvando Europa del marxismo y de la islamización.

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