El secuestro y posterior asesinato de Giacomo Matteotti, entre junio y agosto de 1924, significa un punto de quiebre en la historia del fascismo italiano, porque fue entonces cuando quedaron clarísimos sus métodos represivos y violentos, su deriva dictatorial y despótica. Como lo aceptó el propio Mussolini en su famoso discurso de enero de 1925, fue él quien creó el ‘clima moral’ de ese asesinato y todos los que vendrían. La historia, aquí en calamares en su tinta.

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