Gustavo Kuerten, el brasileño de los rizos rebeldes, llegó a París como un desconocido. Lo que nadie sabía era que arrastraba lesiones crónicas y un duelo reciente. En 1997, contra todo pronóstico, ganó Roland Garros y conquistó el corazón del mundo. Esta es la historia de un milagro hecho a raquetazos y lágrimas.

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